Huset av böcker

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Estocolmo tiene su centro, pero está lleno de tiendas, gente, grandes almacenes, subterráneos comerciales, plazas administrativas, restaurantes y estatuas de reyes. Pero tras la actividad de la capital tenía que haber un nucleo, un punto de quietud, sobre el que girar alrededor como una animada galaxia que absorbe el final del verano.

Ese lugar es la biblioteca pública de la ciudad, un edificio de 1928 del arquitecto Erik Gunnar Asplund, diseñado para que el visitante pueda pasear entre los diferentes niveles del conocimiento y disponer de él libremente. Su eje central es una gran rotonda donde la blancura de la cúpula constrasta con los lomos polícromos de los libros. Donde se puede dar vueltas de lectura en lectura, de estación en estación y el tiempo parace distorsionarse. Casi uno imagina entrar en ella y salir con la sensación de haber estado leyendo tan solo unas horas y descubrir que han pasado cien años. Y la ciudad futura sigue dando vueltas en otro luminoso final del verano. Comprando, comiendo y bebiendo café.